Indudablemente, el PRI sigue firme en primer lugar; es la principal fuerza política a vencer en todos los procesos electorales de México. Y según los observadores, existe la posibilidad de contar con un presidente del PRD y el PAN en coalición. Señalan que el resultado de las pasadas elecciones locales en 14 de los 32 estados no convence a nadie.Y es que, finalmente, se vio la descarada alteración de los resultados electorales, ya que los pronósticos previos a la elección del domingo 4 de julio fueron en exceso manipulados desde el inicio de las campañas, pues le daban al PRI triunfos en todos los estados, de manera muy holgada.
Uno de los posibles a llegar a la Presidencia de la Republica es, Manlio Fabio Beltrones, el gran operador para el triunfo por Sinaloa, quien el próximo septiembre asumirá la presidencia de la Cámara de Senadores. Su tarea es agotar los temas histórico- políticos, relacionados con las fiestas del bicentenario: el de la Independencia y la Revolución Mexicana, lo que comenzará a ocurrir apartir del próximo primero de septiembre, para culminar en agosto del 2011.
Por su parte, Fidel Herrera Beltrán ya inició su campaña rumbo al CEN del PRI en el Centro Veracruzano de la Ciudad de México. Pero también está atento para ocupar ese puesto Emilio Gamboa Patrón, titular de la CNOP y para ponerle la cerecita al helado, también esta apuntado el salinista Francisco Rojas.
Hay un fuerte olor a coalición
El período 2010-2012 será el escenario de la verdadera lucha por el poder en México, sobre todo después de que las elecciones del pasado 4 de julio mostraron que el PRI no es invencible, y que la elección del 2012 podría ser muy abierta.
En el año 2000 las élites que controlan el país se dieron cuenta que no era eficiente seguir apoyando a un PRI desgastado, con pésima reputación internacional, y con un control cada vez menos eficiente de la política local, y gustosas, optaron por la alternancia conservadora, permitiendo elecciones limpias que resultaron en la elección de Vicente Fox.
Diez años después, gracias al pobre desempeño de los gobiernos panistas y aprovechando que el miedo que provocó Andrés Manuel López Obrador antes las élites los convirtieron en estos diez años en “enemigos útiles”, el PRI, revivido y fortalecido había convencido a las élites de que lo mejor que le podría pasar al país es que la vieja clase priista regrese, y han construido para ello a un candidato formidable: Enrique Peña Nieto. Un político eficiente, y con un carisma mediático inédito en México.
Las élites del país habían estado apoyando de manera cada vez más entusiasta la alternativa Peña Nieto. La memoria de los mercados y de los electores es corta, y el PRI ha logrado convencer a élites (empezando con las televisoras), a los mercados, y a una franja creciente de votantes, que es más eficiente y sabe ejecutar mejor que los partidos de la alternancia. Pero a diferencia del 2000, cuando incluso el mismo presidente priista ha de haber compartido con las élites el entusiasmo por la alternancia, en esta ocasión, el partido en el poder no comparte con las élites la apreciación de que lo mejor que le puede pasar al país es que el PRI regrese.
En otras palabras, el PAN no se va a dejar, y está dispuesto a lo que sea, literalmente, incluso a aliarse con el PRD, para conservar el poder. Las elecciones del pasado 4 de julio tienen entonces un mensaje muy claro a las élites de este país: apostar anticipadamente todo por el PRI y Enrique Peña Nieto puede no ser lo más adecuado, tras los resultados en Oaxaca, Puebla y Sinaloa.
La imparable popularidad del gobernador mexiquense, su puntillosa eficiencia política, su pulida y estudiada presencia mediática, y los resultados de las elecciones intermedias del 2009 habían provocado en las élites, los mercados y el electorado, el humor de que apostar por el regreso del PRI con Peña Nieto era una cosa segura. Y para los observadores ahora ya no lo es. Por supuesto que el PRI ganó en nueve estados (Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, Aguascalientes, Tlaxcala y Zacatecas). Es el partido que más entidades ganó. El cálculo del PRI y de Peña Nieto era claro: ganar de manera contundente las 13 gubernaturas en pugna y confirmar en el ánimo de las élites, los mercados financieros y los electores, que su regreso y el triunfo de Peña Nieto era cuestión de cambiar las hojas del calendario. Pero en eso se atravesaron Manuel Camacho, Jesús Ortega y César Nava con una idea que a todas luces era improbable: las alianzas.
Esas alianzas electorales, que nunca se hicieron para sacar al PRI del poder, se concretaron hoy para impedir su regreso. Lo que nunca hicieron la izquierda y la derecha en 70 años de priismo lo logró provocar la posibilidad de que la formidable candidatura de Peña Nieto arrasara con la oposición y sembrara una nueva era de dilatada dominación priista. Más allá de dilucidar si en los casos de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, lo que funcionó fueron las alianzas o fueron los propios candidatos, lo cierto es que las dirigencias del PAN y del PRD ya se dieron cuenta que existe una única forma de vencer al imparable Enrique Peña Nieto, realizando una alianza que apoye al candidato más adecuado, y aguantar contra viento y marea hasta el día de la elección, usando incluso el aparato del Estado contra el PRI.
Nula reputación de instituciones públicas
Las instituciones del Estado mexicano no gozan de una buena reputación entre los ciudadanos. Las universidades registran la mayor calificación (nivel de confianza) con 7.7, acompañada por la Iglesia. Después, aparece el ejército (7.6), los medios de comunicación (7.5), el IFE y la SCJN (6.9), y el presidente (6.7). Los sindicatos y los diputados (5.8), junto con los partidos políticos (5.7), son reprobados. Para que haya democracia debe haber confianza en las instituciones; sin ella las instituciones no tienen legitimidad y no son efectivas para realizar los proyectos, debido a que los actores no se apegan a ellos. Por eso es necesario un cambio en el que los políticos abandonen las venganzas, las represalias, los contragolpes, la disputa y la gresca, y construir una nueva estructura institucional que genere un contexto de exigencia en pro de la rendición de cuentas, el buen gobierno, la participación ciudadana en la cosa pública… Por su parte, la sociedad tendría que dejar la indiferencia y fungir como un contrapeso frente a los abusos del poder. Sólo así se consolidarán las instituciones y se modificarán aquellas que no funcionan porque los actores políticos tienen la puerta abierta para manipularlas.
En México sobran expertos en ganar elecciones, pero faltan especialistas en gobernar. Hay una sobrepoblación de estrategas de campañas políticas y de políticos populacheros” que, al momento de llegar a ser gobierno, la curva de aprendizaje y su visión de competencia partidista regularmente les nubla el panorama para definir y ejecutar políticas públicas exitosas.
En tiempos de alternancia, en el ámbito local hay una realidad que poco se dimensiona en las grandes ligas de la opinión pública nacional: los actores políticos y sus equipos están conformados por personas que, en su mayoría, no dimensionan las tareas o los procesos ni entienden conceptos como transición o gobernabilidad democrática. Muchos no reconocen siquiera las características que deben tener las políticas públicas que habrán de emprender. Como ejemplo, con frecuencia son el acarreador líder sindical, el médico que coordinó jornadas médicas en la campaña, el empresario que consiguió donativos privados, el contador encargado de las finanzas, y el muy necesario abogado, quienes después de ganar se convierten en el secretario de Gobierno, de Salud, de Economía, deHacienda, o en procurador. Una vez en el puesto tienen que empezar a aprender sobre fondos y transferencias federales, criterios de operación, programas y responsabilidades de la administración pública, entre muchos otros vericuetos de la burocracia.
Para ellos no hay derecho internacional o derechos humanos que valgan, o el mínimo reconocimiento de la progresividad del cumplimiento de cualquier derecho, como el de la salud por ejemplo. Ellos son ajenos a estos procesos más amplios, pero serán “los tomadores de decisiones” por los siguientes años y actores clave para los progresos pero, sobre todo, para los retrocesos. Todo esto viene a colación debido a que este año habrá doce nuevos gobernadores, doce nuevos gabinetes encargados de hacer realidad doce nuevos planes estatales de desarrollo; además de emprender todas las necesarias colaboraciones con la federación, con una gran cantidad de nuevos presidentes municipales y Congresos locales que volverán a empezar, volverán a reinventar el hilo negro para solucionar los mismos eternos problemas.
Los gobernadores son contrapeso al mermado poder presidencial
Se hace evidente el problema de la continuidad, de la no reelección y la falta tanto de servicios civiles de carrera, como de una clase política que privilegie los resultados por encima del discurso. ¿Sus costos? Incuantificables, pero a todas luces de enorme magnitud, como para dañar la eficacia de las acciones gubernamentales y abonar a la perpetuación de los problemas. Ahora los gobernadores en conjunto son un fuerte contrapeso al cada vez más mermado poder presidencial,
Fuente: semanariopunto.com



